Por qué a mi gato no le gusta ajedrez. Y vídeo de leones marinos jugando a voley-ball

Imagen: Mi gato Magnus, hace unos meses.


Los humanos somos la especie elegida. Lo somos aún sin ser el animal más grande, ni el más fuerte, ni el más rápido. De hecho, dudo que para los que sí lo son (por ejemplo, si te encuentras a un león por la calle) sea sencillo aceptar que lo seamos.

Pero nosotros ya partimos de la idea de que no vamos a encontrarnos a un león por la calle. Es más, lo tenemos clarísimo. Sabemos perfectamente qué es un león, el planeta del universo en el que habita, las zonas por donde puede haber leones y hasta qué pueden estar haciendo. Pueden estar en libertad, en la selva, o pueden estar reclusos y exhibidos vergonzosamente por y para los humanos.

La evolución nos dió un arma muy superior al resto de las especies vivas más avanzadas. En términos de evolución, el reino animal está muchísimo más avanzado que el vegetal. Esto puede deducirse lógicamente (los “animales” “surgieron” de las “plantas”, y la evolución no crea nada sin objetivo ni deja lugar a lo defectuoso). También puede observarse de manera práctica por la observable razón de que un animal es capaz de moverse a su antojo y esto es una ventaja bastante notoria de cara a la supervivencia a corto plazo. Esta gran ventaja del reino animal respecto al vegetal tiene una simple razón: Los animales tienen cerebro. Esto lo sabemos todos (los humanos). También todos “sabemos” que dentro del reino animal somos los más avanzados, pero quizás no tantos sepan la teoría del por qué.

El cerebro humano desarrolló, principalmente con la inclusión de carne en su dieta, el lóbulo frontal de su cerebro de manera exagerada. Esto es un área del cerebro fascinante, que se encarga de los procesos superiores de consciencia, como los movimientos voluntarios (algo que también pasa en leones) pero también del habla, la personalidad o la capacidad de razonamiento. Es la parte más “evolucionada” de los seres humanos. Lo que marca la diferencia.



Concretamente, marcó la diferencia el tener un recurso superior al resto de especies. Si hubiésemos tenido competencias a nuestra altura, ya lo hubiésemos visto, porque no todo en la vida es la capacidad. También importa la acción. Muchas de nuestras acciones, aunque no lo parezca, no son tan superiores a la del resto de vertebrados. Por ejemplo, el aprendizaje por observación es parte inherente de todos ellos. También la comunicación entre los individuos de la misma especie y tantos otros instintos animales. Partes de un todo en las que les sacamos ventaja una a una. 

Además, en este caso el todo ha sido mucho más que la suma de las partes. El aprendizaje por observación sumado a la representación mental de los conceptos y la capacidad de plasmarlos a través de la escritura de manera que, generación tras generación, ese conocimiento se ha ido transmitiéndose y mejorándose, y que cada individuo tenga un acceso tan fácil a esos conocimientos, nos ha dejado en una posición de dominio absoluto sobre el resto de las especies. Nuestra percepción sensorial es muy parecida al resto (en algunas incluso inferior, como la vista en las águilas o el olfato en los perros) pero nuestra capacidad para procesar esta información, y para representarla mentalmente, es lo que nos eleva a nuestra posición superior.


Las capacidades humanas son muy superiores a las del resto del reino animal, de esto no cabe duda. Pero queremos dejar claro que al final son las acciones lo que nos eleva a nuestro estatus. Lo prometido es deuda, aquí tienen la prueba de que los leones marinos son capaces de jugar al voley. Si quieren.





Todo nuestro potencial es constantemente desperdiciado. Nuestra capacidad de elección no es ajena al error o a la influencia de impulsos emocionales o creencias erróneas. O, simplemente, que no dedicamos bastante tiempo a pensar en las razones por las que estamos aquí, el papel que tenemos en el mundo y en la existencia. En su lugar buscamos la estimulación emocional a cada momento. Inconscientemente, esperamos la recompensa de manera inmediata. De una manera muy parecida a los leones marinos cuando reciben su premio, por cierto. No miramos en perspectiva. No pensamos que los planes a largo plazo y el cumplimiento de grandes objetivos es lo que le otorga a uno no sólo alegría, sino satisfacción.

Hoy no intentaremos convencer a nadie de que juegue al ajedrez. En su lugar, les recordamos que la elección está en cada uno. Y que la capacidad está en todos. En todos los humanos, claro. Nosotros, hasta que no veamos un león marino jugar a ajedrez, continuaremos hablando de ajedrez y de lo que significa el ajedrez.


Dani Vaquer
AhoraAjedrez.Com




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