¿Por qué ajedrez?




El ajedrez es fruto de una tradición milenaria, que sin embargo tiene su origen moderno en la Ciudad de Valencia, en el siglo XV, con la creación y difusión de las nuevas normas.

Ya en el siglo 18 personajes muy influyuentes como Napoleón Bonaparte jugaban a un buen nivel.

En el siglo XX, duelos ajedrecísticos como el de Spassky contra Fischer, Karpov-Kasparov, o este último contra la computadora Deep Blue, se convirtieron en acontecimientos seguidos en todo el mundo.

En la actualidad, la Federación Internacional cuenta con 186 federaciones nacionales asociadas, siendo la mayor organización de competiciones deportivas del mundo.


El ajedrez es una actividad extraordinaria a la cual aún no se ha podido encasillar una definición exacta. Aunque a simple vista se trata de un juego, que tendría un simple objetivo lúdico, oficialmente es considerado un deporte. Sin embargo, esta actividad tan polifacética está muy relacionada con el arte, la cultura y la ciencia; la psicología y la sociología, y con multitud de aplicaciones prácticas.

 “El Ajedrez, que reúne orgánicamente elementos del Arte, la Ciencia y el Deporte, a lo largo de los siglos ha constituido parte inalienable de la Cultura y la Civilización Mundial”. – I. Linder,

A pesar de sus misteriosos orígenes en oriente, sabemos con certeza que el ajedrez fue inventado por un homo sapiens (hombre sabio), pues se necesita de sabiduría para comprender su naturaleza.
Un juego cuyo desarrollo no es tangible, se desarrolla en un plano intelectual, reservado a seres de inteligencia superior, a las personas. Por tanto el ajedrez es cultura.

El ajedrez en su visión más superficial es, cuanto menos, una escenificación artística de una batalla a muerte entre dos bandos. Estrategia, planificación y escalas de valores en una representación conceptual de la cultura de la guerra. Por tanto el ajedrez es arte.

Cada equipo está formado por diferentes piezas(miembros), cada una de las cuales representa una identidad o un rol, pero cada pieza por sí sola no tiene sentido sin las demás piezas. Todas deben cooperar para lograr un objetivo común. Por tanto el ajedrez enseña valores humanos.

Con más de 50.000 libros sobre ajedrez (más que del resto de deportes y juegos juntos), el juego-ciencia es un extenso género literario, incluyendo historia, novelas y multitud de estudios acerca de sus aplicaciones en educación y psicología. Pero sobretodo el valor literario del ajedrez reside en que tiene su lenguaje propio. Un lenguaje propio con letras y símbolos, para transcribir las partidas, que además no entiende de idiomas, es universal. Existen millones de partidas escritas y disponibles en internet reunidas en un solo archivo. Por tanto el ajedrez es literatura.

Y qué decir de su complejidad. La dificultad mental que representa aprender a jugar ajedrez no es poca. Sin embargo, poco tiene que ver con la dificultad de superar un nivel tras otro hasta convertirse en un maestro de ajedrez. Requiere ciertas capacidades, sumadas a años de dedicación al estudio del juego en sí mismo y del ajedrez jugado por maestros predecesores hasta lograr ser un experto y conseguir el título. Por tanto, el ajedrez es ciencia.

Planificación, control, organización, gestión del tiempo. Gestión de las emociones, estimulación mental. Cálculo, procesamiento, hipotésis. Memoria, y aprendizaje. El ajedrez es el júbilo de la inteligencia humana. Donde ejercitamos todas nuestras capacidades cognitivas, por placer. El ajedrez es psicología.

El ajedrez es un regalo para todos.


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